Muere en Madrid Carlos Slepoy, abogado de las víctimas del franquismo en la querella argentina

Carlos Slepoy, el abogado de las víctimas del franquismo en la querella argentina, ha fallecido en Madrid a la edad de 67 años. Reproducimos a continuación los reportajes que sobre esta noticia aparecen hoy, 18 de abril, en los periódicos digitales Público.es y eldiario.es.
Carlos Slepoy

MARÍA SERRANO
“España ha permitido el olvido, la desmemoria y, lo que es más grave, la legitimación de los dirigentes franquistas”. Carlos Slepoy Prada nunca dudó, durante su ejercicio como abogado en España desde 1979, de que en la España del 36 se había cometido un verdadero genocidio. "Una limpieza sistemática", recordaba en una reciente entrevista el abogado argentino, defensor de los Derechos Humanos e impulsor de la querella argentina para la investigación de los crímenes del franquismo.

Slepoy tenía la mirada limpia. No albergaba ninguna duda de que había existido el asesinato, la tortura, el terror más absoluto por parte de un grupo de paramilitares, como ocurrió en su Buenos Aires natal casi cuarenta años más tarde. No era capaz de ocultar su sensibilidad ante tantas victimas, vencidas por la extraña memoria que había tenido con ellos su propio país. No quiso ser espectador de aquella injusticia y se convirtió en abogado activo de miles de víctimas del régimen de Franco, impulsando la querella en el año 2010. Con la apertura de este proceso, ponía en evidencia la impunidad de la Justicia española con los crímenes de su pasado más reciente. Carlos también había aprendido a vivir con el odio de otra dictadura que le había tocado muy de cerca.

Los "chanchos" de la U9 de La Plata
Carlos Slepoy viviría en Argentina las palizas de la represión en el año 1977. Dos semanas antes de que estallara el golpe de Estado de Jorge Videla, el joven Carlos fue encarcelado en varias prisiones y centros de tortura. Entre ellas, la Unidad Carcelaria número 9 de la Plata.
Una placa reza hoy junto a la prisión bonaerense en recuerdo de aquellos presos. "La dictadura militar asesinó e hizo desaparecer a luchadores y familiares que soñaron un país más justo y que comprometieron su vida en la defensa de los derechos humanos". Este jurista argentino luchó por la reparación de sus compañeros, de los desaparecidos y asesinados y de los que aún siguen vivos. Participó como testigo en el juicio de sus propios carceleros, donde contaría las vivencias en las celdas de castigo conocidas en la U9 de la Plata como "chanchos". Los presos políticos tenían calabozos de tres metros de anchura, ingerían guisos hirviendo sobre sus platos. Slepoy, al igual que sus compañeros, tenía que arrojar al suelo de cemento este alimento para no desfallecer de hambre. Los carceleros retiraban los platos en pocos minutos. Llegaban a beber agua de las letrinas para tomar algo de líquido con lo que subsistir.
Su duelo carcelario terminaría a finales del 77, cuando fue trasladado por una orden hasta España, donde fijaría su residencia. El miedo de aquellos días nunca lo borró de su memoria. "Me llevaron a La Plata esposado y en tren. La gente pasaba al lado mío y ni siquiera miraba", recordaba el abogado.
Slepoy sabía que en Argentina sí se juzgaba a los verdugos. Con más de mil seiscientos represores procesados en su país, Carlos siempre recordaría que en España la Justicia miraba para otro lado. No entendía la impunidad de los jueces. Así lo trasladaba a los lectores de Público en una reciente columna escrita el pasado 18 de julio, en el ochenta aniversario de la Guerra Civil. “¿Serán capaces los jueces españoles de cumplir con los elementales principios que adoptó la comunidad internacional hace ya setenta años? Expresamos nuestro convencimiento de que muchos sí lo harán y abrirán el camino a la reconciliación de las víctimas, no con los criminales, sino con la administración de justicia de este país".

La causa contra el franquismo y la querella
En el año 2007, actúo como abogado de la acusación popular en los juicios que instruyó el juez Baltasar Garzón contra el dictador Videla y otros miembros de la dictadura argentina. Su batalla daría frutos. La Justicia española condenó al exmilitar argentino Adolfo Scilingo a 1.084 años de prisión. También participaría en las causas contra el exteniente argentino Ricardo Cavallo, el exdictador chileno Augusto Pinochet y el ex dictador de Guatemala Ríos Montt.
Ya en el año 2010 pone en marcha el proceso clave para la recuperación de la memoria en España, la apertura de la querella argentina. La iniciativa sería anunciada tras conocer que el juez Baltasar Garzón se sentaría en el banquillo por investigar los crímenes del franquismo. "El objetivo es evitar que esos crímenes queden impunes", explicaba entonces Slepoy. Carlos haría entonces un llamamiento a los familiares de los 113.000 desaparecidos para que denunciaran los crímenes en la querella.
El proceso se iniciaba con dos querellas el 14 de abril de 2010, y en enero de 2013 habían aumentado hasta 150. La lista no paraba de sumar nombres de víctimas que se acogían al doloroso y esperanzador proceso en todo el país.
Las primeras resoluciones de la jueza argentina María Servini de Cubría ordenaban la captura de cuatro exmiembros de seguridad del franquismo acusados de torturas. Contra los acusados -Jesús Muñecas Aguilar (ex guardia civil ), Celso Galván Abascal (exescolta de Francisco Franco y de la Casa Real), José Ignacio Giralte González (exmiembro de la Brigada Político Social) y José Antonio González Pacheco, alias Billy El Niño (exinspector)- pesaba una orden de captura internacional para que fueran extraditados a Argentina.
La lista seguía sumando culpables. En 2015, 17 altos cargos del franquismo y de la Transición, entre ellos Martín Villa y Utrera Molina (el suegro del exministro Gallardón), afrontaban órdenes de captura por crímenes de lesa humanidad y genocidio.

El pasotismo de la Justicia española
Sin embargo, la Justicia en España ponía resistencia a la extradición basándose en los principios de prescripción. No se declinaría a juzgar a los responsables. Slepoy volvía a contemplar como se vivía en España "un bochornoso espectáculo de impunidad con la causa del franquismo".
Sin hacer caso a las peticiones de la Justicia argentina, Slepoy lucharía hasta sus últimos días para hacer efectivo el proceso en la búsqueda de la verdad y el convencimiento de que esta importante querella conseguiría tramitar condenas efectivas. Sin embargo, el abogado recordaría que "esa realidad por ahora estaba un poco lejana".
La querella continúa sumando testimonios de familiares de desaparecidos, asesinados o torturados por el régimen de Franco y su anterior guerra. La causa de Slepoy sigue su curso con una trayectoria marcada, que podría lograr el fin de este complejo proceso.
A la memoria de Carlos y los suyos.

Carlos Slepoy EDII
OLGA RODRÍGUEZ
Los teléfonos de muchos familiares de víctimas de la dictadura argentina, chilena o española echaban humo esta noche con mensajes de condolencia. Se ha ido Carlos Slepoy -Carli para los amigos- un abogado valiente y perseverante, impulsor de la querella argentina contra los crímenes del franquismo, abogado de la acusación popular en el juicio contra Pinochet o contra el exmilitar argentino Adolfo Scilingo, participante también en los juicios contra los dictadores Ríos Montt o Videla.
Anoten bien su nombre. Quizá no sea objeto de homenajes oficiales ni de luto institucional, pero Carlos Slepoy trabajó por la justicia universal, por la memoria y por las víctimas de las dictaduras mucho más que algunos Estados democráticos incapaces de escarbar en su pasado. Puede que alguno de ustedes le viera alguna vez en una protesta contra la impunidad del franquismo, o a las puertas de la Audiencia Nacional, celebrando con las víctimas de la dictadura chilena o argentina.
Anoten bien su nombre, porque se trata de un hombre valiente. Un hombre que supo de la naturaleza de los regímenes represores, no solo porque ejerció como abogado especializado en estos asuntos, sino porque él mismo sufrió la dictadura argentina. Fue encarcelado dos semanas antes del golpe de Estado argentino, en marzo de 1976, y pasó por varias prisiones antes de ser condenado al exilio.
Aquí en España, ya como abogado, un policía ebrio le pegó un tiro por la espalda en 1982, hiriéndole gravemente. Las secuelas de aquellas heridas le persiguieron de por vida y le condenaron a pasar parte de su tiempo en silla de ruedas. Pero ni eso, ni los compañeros desaparecidos en Argentina, ni los obstáculos encontrados en su empeño por defender los derechos humanos le hicieron desistir:
“La vida de una persona, su memoria, [sonreía haciendo hincapié en la palabra memoria] influye mucho en lo que hace”, decía.
Los ojos de Carli, llenos de verde y de vida, chispeaban con fuerza cuando hablaba de los derechos humanos y de la necesidad de la justicia universal. Sus trabajos en los juicios contra Pinochet, contra el exdictador de Guatemala o contra el exmilitar argentino Adolfo Scilingo, al que la justicia española condenó a 1.084 años de prisión por crímenes contra la humanidad, le valieron reconocimiento internacional.
Las paradojas de la vida le llevaron hace unos años a recorrer el camino inverso a su exilio: de Madrid a Buenos Aires, para interponer allí una querella contra los crímenes del franquismo que sigue viva a día de hoy y que ha devuelto dignidad y esperanza a muchos familiares de las víctimas.
“Presentamos esta querella como consecuencia de la escandalosa paralización de los procedimientos judiciales en España”, explicaba entonces. Entre los acusados en la misma se encuentran el torturador “Billy el Niño”, Martín Villa o el suegro de Gallardón.
Los últimos años de Slepoy se centraron en recoger testimonios, documentar y trabajar con y para las víctimas del franquismo y sus familiares. En su casa madrileña acumulaba archivos, informes, datos. Tenía el optimismo no del ingenuo, sino del militante que sabe que para recorrer el camino es preciso creer en la posibilidad de un final productivo. Una vez le pregunté por ello en su casa:

“Como todo el mundo, tengo sinsabores en estas historias. Aún así, en la medida en que uno siente que aporta no necesita una especial cuota de energía”, respondió con evidente humildad, porque es mucha la fuerza precisa para hacer lo que él hacía. Hace un tiempo me pidió que le ayudara a crear una cuenta en Twitter. Cuando le pregunté qué foto poner, me dijo: "Escoge una en la que esté sonriente, que está bien que a uno le vean contento". Tenía la sonrisa de quien se sabe del lado de la humanidad.
Denunció siempre que el obstáculo para juzgar el franquismo en España no es judicial, sino político, y mantuvo la esperanza en que algún juez español anulara algún día la ley de amnistía para juzgar los crímenes de la dictadura: "Yo creo que en algún momento eso va a ocurrir, empezará a haber jueces que se atrevan, porque la ley de amnistía no puede amparar crímenes contra la humanidad. (...) En España hubo una planificación para perseguir a determinados grupos de la sociedad, para dar origen a un país diferente. Y lo consiguieron en gran medida. Eso es un genocidio”.
El historiador estadounidense Howard Zinn escribió que las incontables pequeñas acciones de la gente desconocida son las que llevan a grandes momentos de cambio histórico. No hay duda de que las incontables acciones de Carlos Slepoy han contribuido a un futuro con espacio para los derechos humanos y la justicia.
La última vez que lo vi, hace unos meses, ya enfermo, mientras le preguntaba por cuestiones de salud en su casa, él me respondía con nuevas ideas que tenía para dar fuelle a la querella argentina.
Carli nos deja muy huérfanos, pero con la certeza de que son muchos los que recogerán su testigo y proseguirán el trabajo en defensa de los derechos humanos, para que la historia no repita sus capítulos más siniestros. Como él mismo diría, con ese brillo en los ojos, quizá mañana podamos preparar una nueva acción que nos lleve a un nuevo camino para terminar con la impunidad, porque el reloj continúa. Sigues entre nosotros, Carli. Cuánto te queremos.

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