JOSÉ LOBATO ALCONCHEL

José Lobato Alconchel era hijo de Juan y María y tenía seis años cuando La Sauceda fue bombardeada por aviones franquistas. “El día de las bombas... De eso me acuerdo yo mejor que de lo que desayuné esta mañana”, decía José en 2010 cuando lo entrevistamos, un año antes de su muerte. Tirado en el suelo de su casa y tapado bajo una manta, José vivió con la inocencia de un niño lo que para los habitantes de La Sauceda fue una tragedia que marcaría sus vidas para siempre. Al día siguiente, con su familia fue obligado a andar hasta el cortijo del Marrufo, donde todos permanecieron detenidos. Su padre salvó la vida porque medió ante la Guardia Civil un amigo recovero que a su vez era amigo de un alto mando. Pero a su tío lo fusilaron. José recordaba cómo a los que iban a ser ejecutados los metían en la capilla del cortijo la noche antes. Al amanecer, los falangistas los obligaban a bajar a un descampado cercano, a cavar su propia tumba y luego los fusilaban. El teniente José Robles apuntaba cada tarde en una lista los nombres de los que serían ejecutados.