ANDRÉS GARCÍA BARRERO

Andrés García Barreno tenía catorce años cuando empezó la guerra. Él vivía con sus cinco hermanos en un paraje de Jimena ya metido en la sierra. Su padre, trabajador del campo por cuenta propia, se llamaba Matías, y su madre Catalina. Su padre se salvó por poco de morir fusilado. Pero dos de sus primos y un tío no tuvieron la misma suerte. Él recordaba con dolor la injusticia que se cometió con ellos, y con otros habitantes de Jimena y su entorno. No se le olvidaban tampoco los aviones que sobrevolaron la sierra para bombardear La Sauceda, y las tropas moras y falangistas que subieron desde Jimena hacia el poblado para sembrar el terror y la muerte. Recordaba a los zapateros, los corcheros y al tendero asesinados, o al joven de 16 años al que los falangistas pusieron de cabrero hasta que se hartaron de él y lo fusilaron. Tenía muy presente el rostro del maestro que estuvo diez años preso, y el hambre y el sufrimiento de la madre de sus primos fusilados. Andrés murió en 2012 pero su testimonio contribuyó a reconstruir la memoria de Andalucía y la historia de la infamia franquista.