El Marrufo, una finca de 800 hectáreas

El Marrufo es un cortijo que tiene en explotación cerca de 800 hectáreas de tierras de pastos, cultivos y bosques ubicados en el valle de La Sauceda, en el término municipal de Jerez. En 1936 pertenecía a una familia jerezana que tenía otras muchas propiedades en la provincia de Cádiz. Los Guerrero poseían 32 fincas que sumaban un total de 6.140 hectáreas. El Marrufo contaba con una pequeña capilla, una enorme casa señorial y varias naves para cuadras y almacenes.El cortijo del Marrufo está situado en el extremo oriental del valle de La Sauceda.

Pertenece al término municipal de Jerez desde que éste pasó a dominio castellano en el siglo XIII. Durante siglos los montes del Marrufo fueron explotados mediante concesión o arrendamiento a particulares que pagaban al municipio un dinero a cambio de aprovechar toda la riqueza forestal que producían sus bosques de alcornoques, quejigos, etc, además de sus bellotas y pastos.

 
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Fernando Sigler, en su libro La Sauceda y el Marrufo, de la resistencia republicana a la represión franquista, explica que en el siglo XIX, tras la venta a manos privadas de bienes comunales de los municipios llevada a cabo por los gobiernos liberales de Isabel II, una familia de terratenientes instalados en Jerez procedentes de Grazalema, los Guerrero, compraron el Marrufo. El cortijo jerezano salió a subasta y se remató a favor de José Guerrero Ruiz el 2 de diciembre de 1859 por 899.000 reales, y se le adjudicó el 15 de marzo de 1860. La compra del Marrufo fue una de las ocho operaciones de desamortización en las que intervino José Guerrero como mejor postor. El total de la tierra adjudicada a este propietario fue de 4.039 aranzadas y el capital invertido sumó 1.755.735 reales. El Marrufo representó el 43,58 por ciento del total de la superficie adquirida por Guerrero en la desamortización y el 51,21 por ciento del capital desembolsado. La realidad es que la operación fue muy beneficiosa para Guerrero pues pagó menos de lo que realmente valían unas tierras que conocía muy bien de arrendarlas en años anteriores.

A la muerte de José Guerrero Ruiz, ocurrida en 1885, la finca del Marrufo estaba hipotecada a favor de su prestamista, el Marqués de Misa. La dehesa pasó por herencia a la sociedad Guerrero Hermanos (formada por Pedro, María Dolores, Ramón y Manuel Guerrero Castro) en el mismo año de 1855. Esta sociedad dejó de existir en 1902 y siguieron juntos Pedro y María Dolores hasta 1904, en que falleció Pedro, cuando quedó como heredera única y universal María Dolores Guerrero Castro. Esta mujer murió en 1918 soltera y sin descendencia, pero dejó en testamento el Marrufo a su sobrino Manuel Guerrero Lozano.

En 1931, cuando se proclama la Segunda República, el propietario del Marrufo era Manuel Guerrero Lozano, natural de Jerez, casado y quien entonces tenía 58 años de edad. Dedicada a los aprovechamientos de monte y labor, la finca tenía una extensión de 787 hectáreas y 20 áreas, y estaba libre de gravámenes. Lindaba al norte con la suerte del Quejigal; al sur, con la carretera de Cortes y su término municipal; al este, con la dehesa de Pasada Blanca; y al oeste, con la finca Montifarti. Su dueño recibió la finca por herencia el 6 de junio de 1919. Junto con la del Marrufo, este propietario heredó otras once fincas. Además poseía otras numerosas propiedades, algunas de las cuales las adquirió por compra, por disolución de sociedad, o por división.

Los Guerrero eran una de las principales familias burguesas terratenientes de Jerez. Junto con Manuel Guerrero Lozano, Antonio y Pedro tenían también muchas tierras. Juntos eran propietarios de 32 fincas que sumaban un total de 6.140 hectáreas. Después de los hermanos Guerrero se situaban como principales propietarios burgueses del término de Jerez, aunque a gran distancia de ellos, las familias Domecq y Bohórquez.