Miles de esclavos para unas obras militares inútiles

Miles de esclavos para unas obras militares inútiles


Las obras de fortificación del Estrecho, que empezaron en 1939, acabaron en 1943, justo cuando los nazis comenzaron a perder la guerra frente al empuje de la Unión Soviética. Franco vio que ya no tenía sentido apoyar a Alemania y, para justificar su giro a favor de Estados Unidos y los aliados, empezó a decir que las obras eran meramente defensivas y no ofensivas. Las potencias occidentales nunca pensaron invadir España, pero las obras quedaron ahí. Nidos de ametralladoras, búnkeres, carreteras y caminos son vestigios de una historia terrible: la de decenas de miles de personas que las hicieron con su trabajo esclavo, su esfuerzo y sacrificio nunca reconocidos.


 
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 Más de cuarenta batallones de trabajos forzados pasaron por esta comarca. Cada batallón tenía entre setecientos y mil presos. La comida era tan mala y escasa que los que no recibían de sus familias paquetes con alimentos estaban prácticamente condenados a morir de hambre. Algunos presos se organizaban de forma comunitaria y repartían para todos lo que cada uno recibía. Esto permitió la supervivencia de muchos. En un solo día de 1941 murieron cuarenta y un prisioneros en Punta Paloma porque todos habían comido setas venenosas. Por donde pasaba un destacamento desaparecían los lagartos, los ratones, todos los  animales pequeños y las hierbas y raíces comestibles.
En alimentar a los presos se ahorraba, en construir obras megalómanas no. Los datos obtenidos en los archivos militares referidos a la Región Militar Sur permiten precisar que en el Campo de Gibraltar y zonas aledañas de las provincias de Cádiz y Málaga, entre 1941 y 1945, se desarrollaron 152 proyectos de obras diseñados y puestos en prácticas bajo la supervisión de la Comisión Técnica de Fortificaciones de la Costa Sur. El dinero invertido en este periodo para estas obras, según los archivos de estas mismas fuentes, asciende a 65.682.033 pesetas. Claro está, en estos presupuestos no aparecen los datos referidos a los salarios a los trabajadores, sencillamente porque no se pagaban. En 1941 la inversión para las obras ascendió a casi 21 millones de pesetas; en 1942 casi llega a los 29 millones; en 1943 superó los nueve millones; en 1944 ascendió a dos millones 290.000 pesetas; y en 1945 se acercó a los 4,5 millones de pesetas. 

Datos curioso que se pueden ver en los presupuestos ejecutados por la citada comisión son, por ejemplo, que la instalación de un cañón de 38,1 centímetros de diámetro en Punta Paloma, Tarifa, costó un millón y medio de pesetas de la época; que la construcción de un puente de pilotes sobre el río Guadiaro en las inmediaciones de San Martín del Tesorillo costó 200.000 pesetas; o que el riego con asfalto de la carretera militar que va desde Facinas al Puente Hiero, en Los Barrios, costó un millón 200.000 pesetas en enero de 1942. La obra más costosa de cuantas aparecen en la relación citada es la construcción de una batería de cañones de 15,24 centímetros en Punta Camarinal, Tarifa, compuesta de cuatro piezas Vickers, que se llevó cuatro millones de pesetas.

Y en 1943 se invirtieron dos millones ochocientas mil pesetas en acabar ochenta y seis obras correspondientes al Plan Defensivo del Campo de Gibraltar: cinco obras de antiaéreos, 47 de ametralladoras, 19 obras para dos ametralladoras, 15 obras de dos anticarros y ametralladoras y otras obras complementarias. Y ese mismo año la ampliación en 235 kilómetros de la red general de transmisiones del Campo de Gibraltar costó dos millones y medio de pesetas.