Muchas carreteras actuales fueron construidas por los presos republicanos


Los habitantes del Campo de Gibraltar nos seguimos hoy beneficiando del trabajo que como esclavos hicieron los prisioneros republicanos desde Conil hasta Torreguadiaro. Ellos construyeron con sus manos todo un entramado de caminos por la costa y el interior que sigue siendo muy utilizado. Miles de personas circulan hoy con sus coches, motos, camiones o furgonetas por algunas de estas carreteras: la que va desde Algeciras a la playa de Getares y el faro de Punta Carnero; las que enlazan la carretera Nacional 340 con Bolonia o Punta Paloma, en Tarifa; el tramo Jimena-Atajate de la actual San Roque-Ronda; o la que une Castellar con Sotogrande. Todos estos caminos y más son el legado de unos hombres que fueron castigados por el único delito de defender la democracia, la justicia y la libertad. Conviene no olvidarlo ni olvidarlos.


carreteras


La dureza de la vida en los campos de concentración era evidente. Documentadas están la mala alimentación, las muertes por hambres y enfermedades no mortales, la falta de higiene, el frío o la falta de abrigo... Además, testimonios de los supervivientes hablan de azotes, castigos corporales y también un sistema de espionaje y delación entre los mismos presos puesto en marcha por el ejército que eufemísticamente lo denominó Servicio Especial en los Batallones de Trabajadores. 

Con este sistema de confidentes los mandos conocían el ambiente entre los prisioneros, sus ideas y planes con tiempo suficiente para abortar cualquier atisbo de fuga o respuesta colectiva organizada frente a las duras condiciones de vida y trabajo que soportaban.

 

Para los intentos de fuga había órdenes claras. Esto es lo que dice una orden del Cuartel del Generalísimo de 23 de mayo de 1938: “Además de la alambrada con la que deben cerrarse los caseríos o lugares en que se encuentren, se haga una zanja, y al que intente salir sin permiso por un sitio distinto a la entrada, se le haga fuego sin previo aviso. Ordeno que se observe el mayor rigor con los prisioneros dentro de la más estricta disciplina”.

Estas condiciones de vida eran las que sufrieron en el Campo de Gibraltar los 30.000 presos que por aquí pasaron. Hasta quince batallones diferentes trabajaron en esta comarca. Cada batallón tenía entre 700 y mil presos. Los batallones, a su vez, se dividían en compañías y secciones. Una compañía tenía una media de 200 trabajadores y cada sección entre veinte y setenta. Al frente de cada batallón había un comandante, un capitán, cuatro tenientes, uno de los cuales tenía que ser médico, cinco alféreces, un brigada, veinte sargentos, cincuenta y dos cabos, un corneta y sesenta y ocho soldados.

A continuación se relacionan los lugares de emplazamiento de los distintos batallones de trabajadores, a 1 de septiembre de 1941, según la documentación existente en los archivos históricos militares de Ávila, Guadalajara y del Archivo Histórico Nacional:

Batallón número 1. Puerto Bolonia. El hoyo del Álamo (Tarifa).

Batallón número 2. Puertollano (Tarifa).

Batallón número 6. Ensenada de Bolonia. Ranchiles (Tarifa).

Batallón número 7. El Tiradero. (Los Barrios).

Batallón número 8. Cortijo de los Palos (Algeciras).

Batallón número 9. San Roque.

Batallón número 10. Los Puertos (La Línea).

Batallón número 11. Toril de los alelíes (San Roque).

Batallón número 15. Puerto Galis (Jerez de la Frontera).

Batallón número 16 Santuario Nuestra Señor de La Luz (Tarifa).

Batallón número 22. Campamento el Cobre (Algeciras).

Batallón número 23 Alto Aragonés (Algeciras).

Batallón número 27. El Camorro (Tarifa).

Batallón número 35. Punta Paloma. Las Rozas. (Tarifa).

Batallón número 46. Los Tornos (Tarifa).

Además en estas mismas fechas existían otros emplazamientos para compañías y destacamentos de estos batallones en los siguientes lugares:

1. Cerro del Rayo (Algeciras).

2. Pelayo (Algeciras).

3. El polvorín de la Torre del Almirante (Algeciras).

4. Guadarranque (San Roque).

5. Punta Mala. Guadalquitón (San Roque)

6. Carretas. Frente al cruce de entrada a Betijuelo (Tarifa).

7. Zahara de los Atunes. Zahara-Tarifa.

8. Hoyo Moreno (Tarifa).

9. Las Majadillas (Tarifa).

10. Zona del cementerio de Tarifa.

Y a 1 de abril de 1942 los batallones existentes estaban ubicados en los siguientes lugares:

Batallón número 1. Punta Paloma (Tarifa).

Batallón número 15. Punta Paloma (Tarifa).

Batallón número 6. Punta Paloma (Tarifa).

Batallón número 11. Guadalmesí (Tarifa).

Batallón número 16. Nuestra señora de la Luz (Tarifa).

Batallón número 23. Alto Aragonés (Algeciras).

Batallón número 9. Campamento Las Eras (Algeciras).

Batallón número 10. Los Puertos (La Línea).

Batallón número 17. Jimena de la Frontera.

Batallón número 22. Venta Ojén (Los Barrios).

Batallón número 2. Punta Mala (San Roque).

Batallón número 27. Rota.

Batallón número 54. Conil.

Aunque cada batallón tenía un lugar de asentamiento definido, luego las compañías y destacamentos iban siendo destinadas a diferentes lugares, en función de dónde tenían que trabajar o del paraje por el que avanzaban las obras. Los prisioneros no tenían uniforme en principio, pero conforme el sistema de trabajo esclavo se fue consolidando a cada preso se le entregaba un gorro blanco de forma cilíndrica, camisa blanca de tela fuerte con una letra P grabada, pantalón caqui y alpargatas. A cada hombre se le pintaba su número de preso con tinta indeleble sobre la piel del pecho.

La comida era tan escasa y de poca calidad que los presos que no recibían de sus familias paquetes con alimentos estaban prácticamente condenados a morir de hambre. Muchos murieron envenenados por comer setas u otras plantas venenosas. En algunas compañías los presos se organizaban de forma comunitaria y repartían para todos lo que cada uno recibía de su familia. Esta forma comunal permitió la supervivencia de muchos.

El hacinamiento era extremo y la falta de higiene total. Las condiciones de vida y la supervivencia de los presos dependía muchas veces del estilo de gobierno que cada comandante aplicaba en su batallón. Algunos jefes robaban y permitían a algunos de sus subordinados el robo de las provisiones o los materiales destinados a los campamentos para venderlos de estraperlo, y otros no .Unos jefes imponían un régimen más severo, autoritario o vengativo que otros. En unos las palizas y castigos corporales eran frecuentes y en otros no. Todo esto diferenciaba a unos batallones respecto a otros y en algunos se sobrevivía, pero en otros era más difícil escapar a la muerte.

En un solo día de 1941 murieron cuarenta y un presos del batallón de Punta Paloma porque todos habían comido setas venenosas. Por donde pasaba una compañía o un destacamento desaparecían los lagartos, los ratones y todo tipo de animales pequeños, además de las hierbas y las raíces que pudieran pasar por comestibles.

La mayoría de los prisioneros provenía de fuera de Andalucía pues así el régimen aplicaba su política de dispersión y desarraigo social. Se castigaba al preso y a sus familias y se evitaba que el contacto con conocidos de los alrededores pudiera alentar las fugas o las rebeliones. El único consuelo era que cada batallón estaba compuesto por presos que en su mayoría compartían el mismo origen geográfico. Por ejemplo, en Castellar casi todos venía de Asturias, mientras que en San Roque eran vascos. En Tarifa, en la zona de Punta Paloma, había muchos catalanes mientras que en Guadalmesí casi todos eran gallegos.

Los habitantes del Campo de Gibraltar nos seguimos hoy beneficiando del trabajo que como esclavos hicieron los prisioneros republicanos desde Conil hasta Torreguadiaro. Ellos construyeron con sus manos todo un entramado de caminos por la costa y el interior que sigue siendo muy utilizado. Miles de personas circulan hoy con sus coches, motos, camiones o furgonetas por algunas de estas carreteras: la que va desde Algeciras a la playa de Getares y el faro de Punta Carnero; las que enlazan la carretera Nacional 340 con Bolonia o Punta Paloma, en Tarifa; el tramo Jimena-Atajate de la actual San Roque-Ronda; o la que une Castellar con Sotogrande. Todos estos caminos y más son el legado de unos hombres que fueron castigados por el único delito de defender la democracia, la justicia y la libertad. Conviene no olvidarlo ni olvidarlos.