Una represión planificada


Los militares sublevados tenían un plan sistemático para eliminar a sus oponentes políticos. Y eso significaba, en cada pueblo y en cada ciudad, por grande o pequeño que fueran, matar o encarcelar a todas las personas sospechosas de haber votado al Frente Popular en febrero de 1936 y aterrorizar a la población.
La represión republicana contras las personas de derechas o sospechosas de colaborar con los golpistas fue espontánea y producto de la ira cuando se conocían las atrocidades cometidas por los fascistas en la zona bajo su dominio. Esta violencia republicana acabó con la vida de seis personas en San Roque y de doce de Jimena.
Por su situación geográfica y por la rapidez del triunfo de los sublevados, el Campo de Gibraltar se convirtió en el primer lugar de ensayo de la represión franquista, una represión planificada, sistemática y cruel que costó la vida a más de mil personas fusiladas en las tapias de los cementerios de los siete municipios


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Represión planificada

Se cuentan aquí los fusilados sin causas judiciales, la gran mayoría, y los fusilados a partir de una causa sumarísima militar que las autoridades franquistas empezaron a aplicar en la zona con mayor normalidad a partir de principios de marzo de 1937.
El historiador algecireño José Manuel Algarbani ha conseguido elaborar un listado de 556 campogibraltareños que fueron fusilados, de los que se ha podido encontrar alguna confirmación documental. La mayoría de los investigadores aseguran que los fusilamientos durante la época del terror caliente, en la que no se hacían juicios ni se registraban por escrito las órdenes de matar, fueron tantos que para saber la cifra exacta de los muertos hay que multiplicar por tres la conseguida por registros documentales. Por eso decimos que en el Campo de Gibraltar los fascistas asesinaron a más de mil personas.
Los sublevados seguían una estrategia de represión que incluía el fusilamiento masivo y la razzia, al estilo usado años antes por el ejército español contra los marroquíes en la guerra del Rif: en cuanto ocupaban un pueblo empezaban los asesinatos y el terror para impedir posibles reacciones. Esta forma de actuar se emparenta con las teorías nazis de la guerra total o con ciertas prácticas de guerra colonial. La represión era algo más que violencia ciega y gratuita, tenían una clara función social destinada a la consolidación del nuevo régimen franquista.

Muchos de los fusilados en los primeros días de la ocupación de estos pueblos eran personas con poca o ninguna significación política puesto que gran parte de los alcaldes, concejales o dirigentes políticos republicanos había ya huido hacia otras poblaciones tras recibir noticias sobre los métodos represivos usados por los sublevados en La Línea o Algeciras. Los dirigentes de los golpistas en la comarca ponían así en práctica la orden de Queipo de Llano: “Serán pasado por las armas, sin formación de causa, las directivas de las organizaciones marxistas o comunistas que en el pueblo existan y en el caso de no darse con tales directivas, serán ejecutados un número igual de afiliados, arbitrariamente elegidos”.

Otras muchas personas fueron fusiladas al acabar la guerra, ya a partir de 1939, cuando regresaron a sus pueblos de origen pensando que nada malo les iba a ocurrir porque creyeron la promesa de Franco de que nada le pasaría a quien no tuviera las manos manchadas de sangre.

En Algeciras, los fusilamientos empiezan desde el principio. Los primeros detenidos eran conducidos a la cárcel de Escopeteros, que estaba situada frente al ayuntamiento. A la mayoría de funcionarios del cuerpo de carabineros, casi todos fieles a la República, los encerraron en el ruedo de la plaza de toros de La Perseverancia. Desde la cárcel los presos eran conducidos, al anochecer, en camiones hasta el cementerio. Allí los colocaban de espaldas a la pared Sur del camposanto y eran ejecutados. Primero con una descarga de fusiles y después con un disparo de arma corta en la cabeza. Así fueron ejecutadas más de 300 personas.

El número de asesinados también fue de más de 300 en La Línea, una ciudad que entonces tenía 35.000 habitantes. Como en gran parte de Andalucía, en La Línea, no hubo guerra civil. Sólo hubo una matanza perpetrada por militares contra civiles indefensos. Lo que hubo fue realmente un genocidio. En San Roque el número de fusilados de los que hay constancia documental es de 91 personas; en Los Barrios, 42; en Tarifa, 58; en Jimena, 85; y en Castellar, 24.