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NOVEDADES EDITORIALES


Comentamos aquí algunos de los libros relacionados con la memoria histórica de reciente publicación, o de obligada relectura.

Portada Camino de la tierra olvidada     Pedro Feria

Autores: Félix Ramos Toscano y Pedro Feria
Título
: Camino hacia la tierra olvidada.
Editorial: Foro por la Memoria de Andalucía
Año de publicación: 2017
Ciudad: Madrid

Sobre las vicisitudes de los que estaban contra el golpe del 36 en el Protectorado Español en Marruecos acaba de ser publicado un interesante libro de los historiadores Félix Ramos Toscano y Pedro Feria Vazquez, lleva por título Camino hacia la tierra olvidada con interesantes documentos y testimonios personales.

Unos doscientos españoles están en las fosas de los cementerios de Tetuán y Larache, fusilados tras no secundar la sublevación del 36. En muchas ocasiones sus familiares han intentado dignificar esos lugares, colocar placas y restituir en parte esa dignidad que se les negó durante tanto años. En su introducción dejan claro su objetivo principal… “Mucho se ha escrito ya sobre la hecatombe sufrida por nuestro país entre 1936 y 1939. Los estantes de librerías y bibliotecas están sobrecargados de títulos dedicados a casi todos los aspectos del conflicto: política, economía, asuntos militares, vida cotidiana, etc., y lo mismo puede decirse de las videotecas, saturadas de documentales y películas de ficción de desigual calidad. Cuando paseamos entre las montañas de libros editados y los kilómetros de películas rodadas sobre el tema en los más de tres cuartos de siglo transcurridos desde el fin de la guerra, podríamos pensar que ya está todo dicho, que no queda nada por mostrar, pero, siempre que lo hacemos, nos equivocamos”.

“Por toda nuestra geografía cientos de investigadores siguen trabajando. Unos lo hacen en solitario, otros en el seno de grupos de investigación patrocinados por asociaciones ciudadanas, instituciones o universidades. Algunos, los menos, cuentan con apoyo público, otros, los más, deben luchar a brazo partido contra la incomprensión de buena parte de la sociedad, que les censura querer “reabrir heridas” y centrarse en el pasado en lugar de “mirar al futuro”, como si lo segundo fuera posible sin lo primero”.

En la introducción del libro continúan los historiadores haciendo hincapié en el desconocimiento que existe sobre la represión en el protectorado: “Pero entre todos están revolucionando el conocimiento que tenemos sobre la Guerra Civil. Constantemente nos descubren nuevas fuentes que arrojan luz sobre partes oscuras de nuestra historia, llaman la atención sobre puntos de vista que durante años fueron despreciados, y ponen en valor testimonios olvidados. Ellos están consiguiendo que cada vez queden menos zonas de sombra en la historiografía sobre el conflicto, para desgracia de aquellos que piensan que “es mejor olvidar”.

“Entre estas lagunas de conocimiento que aún subsisten podríamos incluir la represión a la que el régimen franquista sometió a cientos de miles de disidentes durante la guerra y más allá, represión que durante décadas revistió diversas formas, ya fueran físicas, mentales o económicas. Tema polémico como pocos, fue sistemáticamente ocultado durante los años de la dictadura, olvidado durante la transición por un país que confundió “reconciliación” con “amnesia” y obviado en la actualidad por muchos historiadores deseosos de evitarse “problemas”.  “Si hacemos recuento, podemos considerarla la “cenicienta” de los estudios sobre la Guerra Civil; de las montañas de libros editados sobre el conflicto de las que hablábamos, los volúmenes (de calidad y bien documentados) dedicados a la represión suponen si acaso un pequeño montículo. Hasta hace poco. Hoy, gracias a la apertura de nuevos archivos y al cambio de actitud de la sociedad civil y de nuestros representantes políticos, tenemos ya un conocimiento bastante aproximado de lo que para este país supuso la represión franquista”.

“Lo hasta ahora sabido y lo que se sigue averiguando pone los pelos de punta, y explica muy bien porqué durante tantos años ciertos poderes negaron a los investigadores el acceso a los archivos donde estaba depositada la documentación referente: fusilamientos arbitrarios masivos, uso extensivo del trabajo esclavo, empleo sistemático de la tortura, apertura de numerosas cárceles y campos de concentración saturados y sin condiciones higiénicas donde cientos de presos morían a diario, miles de millones de pesetas confiscados a sus legítimos propietarios…”

Concluyen los autores del libro Félix Ramos y Pedro Feria que “no sólo quedan lagunas temáticas, sino también geográficas. Todavía hoy, muchos españoles siguen pensando que en su pueblo o ciudad durante la guerra “no pasó nada”. Quedan provincias enteras donde aún no se ha realizado un solo estudio histórico riguroso sobre los periodos de la II República, la Guerra Civil y el franquismo (o como mucho sólo se ha publicado la versión de los vencedores), y los archivos locales sobre la represión siguen cerrados o han desaparecido, víctimas de la mala fe o la dejadez de las administraciones…”

Una investigación profunda

Los autores exponen que aunando la bibliografía, las hemerotecas, los documentos archivísticos y los testimonios orales, se ha compuesto este trabajo, que pretende ser un gran aporte con nuevos datos sobre sucesos y víctimas de la represión franquista que no habían quedado recogidas en investigaciones anteriores en la zona del Protectorado.

Resaltando que una de las fuentes que mayor ayuda les ha proporcionado para la investigación han sido las archivísticas. Visitando en busca de documentación numerosos archivos nacionales, como el Centro Documental de la Memoria Histórica de Salamanca, los archivos militares de Ávila y Guadalajara, el Archivo Histórico del PCE, la base de datos “Todos (…) los nombres” y el Archivo General de la Administración de Alcalá de Henares, en cuya “Sección África” quedó depositada la documentación del Alto Comisariado de España en Marruecos y la Delegación de Asuntos Indígenas, fundamental para entender el funcionamiento institucional del Protectorado y el devenir político del mismo.

Historias sin contar

Con el libro Camino hacia la tierra olvidada de los historiadores Félix Ramos y Pedro Feria, se ha logrado poner cada cosa en su sitio, son páginas con datos, nombres y sucesos, imprescindible para acercarnos a la represión que se realizó en el protectorado Español de Marruecos. Su aventura de compromiso con estas víctimas de la guerra civil, comenzó en el 2006, cuando visitaron la ciudad de Tetuán y Tánger, desde ese momento, sabían que todo lo que ocurrió en el protectorado debían plasmarlo en un libro y así ha sido.

Ellos explican perfectamente su laborioso trabajo de recopilación: “Conforme recorríamos la zona sentíamos que nos internábamos en una tierra olvidada, que se nos antojaba muy lejana pero a la vez cercana. Paseando por las calles céntricas de Tetuán nos sorprendimos del aspecto español de muchas de ellas y de la gran cantidad de rótulos en castellano que aún subsistían. Nos contaron que en aquella ciudad españoles, musulmanes y judíos convivieron pacíficamente durante muchos años, y ni la guerra rompió esa coexistencia. Hoy ya no queda nada o casi nada de aquello. Los españoles se fueron, y poco a poco su legado se fue perdiendo. El Protectorado y su particular idiosincrasia desaparecieron, y ya sólo subsiste en el recuerdo de quienes vivieron en él”.

También visitaron el campo de concentración que existió en Tetuán, El Mogote así como el cementerio español que tras décadas de abandono, a finales de los años 90 el gobierno español sufragó la restauración de este último, concentrando allí los restos de otros cementerios españoles que se encontraban desperdigados por la zona a merced del vandalismo. Sin embargo, fue una restauración incompleta; el cementerio se divide en dos sectores, uno militar y otro civil, separados por una tapia, y mientras que el primero ha sido perfectamente acondicionado, limpiadas y reparadas sus tumbas, arregladas las aceras e instalados bancos y papeleras, el cementerio civil se encuentra en muchas peores condiciones.

Sobre esa restauración apostillan: “Se limitó a colocar unas tristes cruces de hierro pintadas de negro sobre las lápidas, y la limpieza deja mucho que desear. En un sombrío ángulo del mismo se encuentran, semiocultas entre matorrales y suciedad, cinco gruesas losas de cemento pintadas con cal y sin ninguna inscripción; es precisamente allí donde está situaba la fosa común en la que fueron enterradas las víctimas tetuaníes de la represión durante la Guerra Civil. Nosotros les rendimos un improvisado homenaje colocando sobre las lápidas una bandera republicana”.

Foro por la Memoria de Andalucía

De aquella visita en el 2006, quedaron empeñados en contar las historias de los españoles que dieron en el Protectorado y sufrieron la represión franquista, quedaron fascinados por lo que encontraron en el transcurso de aquel viaje. En su decisión también influyeron las peticiones de familiares de víctimas asesinadas en el Protectorado, que trataban de averiguar lo sucedido a sus deudos y se pusieron en contacto con ellos.

En la introducción se lamentan de la dejadez de la Administración, sumada a los estragos de una incompleta y mediocre Ley de Memoria Histórica, y han tenido que ser asociaciones como a la que ellos pertenecen, FORO POR LA MEMORIA DE ANDALUCÍA, las que tengan que paliar dicha desidia y se ocuparan de recuperar los cuerpos y la memoria de tantos miles y miles de asesinados por el fascismo y de arropar a sus descendientes.

Volvieron varias veces a Marruecos para ampliar sus conocimientos, criticando duramente que a pesar de los años trascurridos  sigue siendo tarea complicada acceder a cierta documentación. También contaron para la realización de este ya imprescindible libro, con otras fuentes alternativas, y una de ellas fueron los testimonios orales.

Como ellos indican: “Estas fuentes poseen innegables ventajas, como la de constituir historia viva, ser una ventana directa al pasado abierta por una persona que fue testigo presencial de los hechos que estudiamos.   Poseen también algunas desventajas, como su gran subjetividad, ya que cada cual analiza los acontecimientos según su particular punto de vista. El propio paso del tiempo, así como el miedo o el olvido impuesto o autoimpuesto han hecho mella en la memoria de muchos testigos, que no recuerdan bien algunos sucesos. Además, en la actualidad quedan muy pocas personas con recuerdos directos de la Guerra Civil; casi todas los que sobreviven eran niños en la época, y por ello sus recuerdos están tamizados por la mirada propia de la infancia. En cualquier caso, tuvimos la inmensa suerte de localizar, entre otros testigos, a una persona que en 1936 era adulta y participó directamente en los hechos, Francisco Lara Campoy, quien tras la guerra se exilió en Francia, desde donde se puso en contacto con nosotros”.

Los autores del libro indican que con este trabajo quieren llegar al  gran público que no recuerda que en el norte de Marruecos hubo un protectorado español. Desgranando el libro en su más de medio millar de páginas, en la primera parte del libro analizan cómo se estableció el dominio español y cuál era su funcionamiento administrativo, además de estudiar las peculiares características de la sociedad hispano-marroquí en el Protectorado.

Siguiendo mostrando cómo la II República se instauró en el territorio, y las vicisitudes políticas de dicho período. Los datos sobre la preparación del golpe del 36 también es una pieza fundamental en el libro, recordando los trágicos sucesos que siguieron al mismo. La verdad que se consigue dar una visión de conjunto de lo que significó la guerra en todo el norte de África, incluyendo los territorios de Ifni, Cabo Juby y Sáhara.




  Libro angel      angelvias

Autor: Ángel Viñas
Título: Sobornos. De cómo Churchill y March compraron a los generales de Franco
Editorial: Crítica
Año de publicación: 2016
Ciudad: Madrid

El historiador Ángel Viñas publicó hace unos meses Sobornos. De cómo Churchill y March compraron a los generales de Franco. En esta obra aporta más pruebas  que desmitifican el tópico según el cual Franco convenció a Hitler en Hendaya para que no trajera sus tropas a España. Viña relata con precisión otra clave que frenó la entrada de España en la Segunda Guerra Mundial: una operación británica que llenó de dinero inglés los bolsillos de generales y altos cargos del régimen que no cejaron de insistir ante el caudillo de que no convenía aliarse con los alemanes. En las páginas del libro aparecen multitud de personajes, entre ellos el primer ministro británico Winston Churchill y Juan March, el corrupto empresario español que financio el golpe de Estado de los militares traidores contra la segunda  República.

Pablo Esparza. BBC mundo.
En septiembre de 1939, cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial, Madrid se convirtió en un nido de espías. España se había declarado neutral. Pero ese país en ruinas, exhausto después de tres años de conflicto civil, tenía una importancia estratégica vital. La "estricta neutralidad" anunciada por el general Francisco Franco, gobernante de facto tras su victoria sobre el ejército republicano en la Guerra Civil (1936-39), no debió resultar muy convincente, especialmente a oídos de los británicos. Parte del éxito bélico franquista hacía apenas cinco meses se debió a la ayuda que los militares golpistas recibieron de la Alemania de Adolf Hitler y la Italia de Benito Mussolini en forma de soldados y armas.

El recelo aumentó en junio de 1940, cuando Franco, ante las victorias alemanas en Holanda, Bélgica y Francia y la incorporación italiana a la guerra, cambió su posición oficial de "neutralidad" a "no beligerancia". Un mes antes, Samuel Hoare había llegado a Madrid como embajador británico con una misión clara: evitar a toda costa la entrada de España en la guerra a favor del Eje. Y para conseguir ese objetivo, la diplomacia no fue suficiente.

El embajador británico Samuel Hoare tenía como misión evitar la entrada de España en la Segunda Guerra Mundial a favor del Eje. Hizo falta un sólido tramado de inteligencia y dinero, grandes cantidades, para comprar la voluntad de hombres clave cercanos a Franco para que influyeran en la voluntad del general. Así empezó una operación secreta que se alargó durante casi toda la II Guerra Mundial: la "Operación Sobornos". Con este nombre se refiere a ella el historiador español Ángel Viñas, catedrático emérito de historia de la Universidad Complutense de Madrid, autor del libro "Sobornos, de cómo Churchill y March compraron a los generales de Franco".

"El fondo es muy simple. Los ingleses contactan con un banquero español, Juan March -en realidad yo pienso que fue él quien sugirió la idea- que tenía muy buena entrada en los círculos más elevados de la dictadura y había apoyado mucho a Franco antes y durante la Guerra Civil. Y March enlaza con una serie de generales, ministros y con el hermano de Franco y les dice que está dispuesto a darles unas enormes cantidades de dinero inglés -aunque él no dice necesariamente que el dinero tiene ese origen- si convencen al Caudillo, a Franco, de que no hay que entrar en guerra al lado del Eje", dice, en diálogo con BBC Mundo, el profesor Viñas. "El concepto es sencillo pero endiabladamente complejo de discernir en sus efectos", agrega el autor del libro.

La obra de Viñas es el análisis más exhaustivo hasta la fecha sobre este episodio, conocido desde hace años, especialmente desde que en 2013 el gobierno británico desclasificara documentos relacionados con la operación. La existencia de "Sobornos" -su nombre real se desconoce- era conocida durante su ejecución por apenas una docena de personas en Londres, y contaba con la bendición de Winston Churchill, primer ministro británico en aquel momento. "Churchill es el hombre que autorizó la operación y la protegió hasta el final contra viento y marea. La operación nunca se habría podido realizar sin el consentimiento, autorización y protección de Churchill, que no dijo ni una palabra de esto en sus memorias, como tampoco lo dijo el embajador británico en Madrid (…). Una operación exitosa sobre la que se guardó silencio", apunta Viñas.

Durante más de tres años -de acuerdo con la investigación del historiador madrileño- varios generales, dos ministros, el del Ejército, José Enrique Varela, y el de Gobernación, el coronel Valentín Galarza, y el hermano de Franco estuvieron "a sueldo" de los británicos. Su función era convencer el jefe del Estado español de que su ejército -maltrecho y desfasado después del conflicto interno, que aún daba sus últimos coletazos en forma de enfrentamientos constantes con el maquis, la guerrilla republicana- no estaba en condiciones de entrar en guerra, hacerle creer que eran más los inconvenientes que las ventajas de esa decisión. Esta maquinaria de espionaje, pagos e influencias perfectamente engrasada llegaba hasta la cúpula misma del gobierno y del ejército franquista.

El historiador Ángel Viñas dice en su libro que la cantidad de dinero para sobornar a lo generales españoles fue enorme. "El banquero, Juan March insistió en que no se pagara hasta que se constatara fehacientemente que España no entraba en guerra. Es decir, los pagos se hicieron esencialmente en el año 1944. La operación rodó entre junio de 1940 y junio de 1943, pero los pagos se hicieron en el 44", explica Viñas. Ahora bien, algunos generales, no todos, recibieron anticipos en pesetas, aunque normalmente los pagos se hacían en divisas y estaban situados en cuentas en el extranjero, en Nueva York, Lisboa y Suiza en una operación bastante compleja desde el punto de vista financiero".

El historiador sitúa la cantidad gastada por los británicos en comprar la influencia de los altos mandos franquistas en unos 6,5 millones de libras de la época. "Esto hoy nos parece una cantidad minúscula, pero era inmensa entonces. En términos actuales, y es muy difícil determinar su contravalor, podríamos estar hablando de entre 150 millones y 1.000 millones de euros (entre US$167 y US$1.117 millones)", apunta.

Pero, ¿realmente quería Franco entrar en la guerra? ¿Qué importancia tenía España para que Reino Unido llegara a gastar tal cantidad de dinero en esta operación? A pesar de declarar a España "neutral" y luego "no beligerante", Franco quería entrar en la guerra del lado de Alemania. Desde que España adoptó la posición de "no beligerancia", el gobierno franquista comenzó a apoyar los países del Eje con materias primas y suministro de combustible para submarinos y mercantes. Franco también envió una unidad de voluntarios, la llamada División Azul, en la que se estima que, entre junio de 1941 y octubre del 43, cerca de 50.000 españoles combatieron junto al ejército alemán en el frente ruso.

"Entre junio de 1940 y junio de 1941, la verdad es que Franco quería entrar en guerra. Por eso, la operación 'Sobornos' la inserto en lo que llamo el 'escudo de autoprotección británico', que tenía otras capas: la planificación política, diplomática y militar, operaciones de guerra económica y, al fondo, toda una serie de operaciones de inteligencia que hasta ahora no habían sido desveladas", cuenta Viñas.

Para Londres era vital mantener Gibraltar, enclave bajo soberanía británica en el sur de España, una pieza fundamental en el control del acceso al Mediterráneo y al Norte de África. Y si España entraba en guerra, ese objetivo podía complicarse. "Si eso sucedía, lo más verosímil es que, al principio, Gibraltar cayera en manos alemanas o españolas. En junio del 40 los ingleses no habían hecho todavía de Gibraltar una plaza inexpugnable. Necesitaban tiempo. Y lo que la operación quería en un primer momento era ganar, comprar, ese tiempo. Seis meses, seis meses para hacer de Gibraltar una plaza inexpugnable, cosa que hicieron", apunta Viñas.

"En junio de ese año, cuando cayó Francia, los británicos echaron mano de todas las armas del arsenal. Y esta esta operación era la más rápida, según dijo el embajador. Solo hay que leer sus telegramas: 'me dicen de buena fuente que España puede declarar la guerra la semana que viene'. En esas condiciones, ¿qué hace cualquier hombre prudente? Pues gastar dinero. Más vale gastar dinero que no perder la guerra. Fue una medida de desesperación", agrega.

La historia nos muestra que España, finalmente, no entró de lleno en la Segunda Guerra Mundial. No es fácil saber qué habría sucedido si esta operación no hubiera existido. Como explica Viñas, "un problema complejo como es la participación o no participación en una guerra, no se puede explicar solo con una causa". Sí se sabe en cambio que, en el caso de que "Sobornos" hubiera fracasado y Franco se hubiera unido oficialmente a Hitler y Mussolini, los británicos contaban con uno -o varios- "planes b". "Identificaron toda una serie de escenarios: en unos apoyaban a Franco, en otros se dirigían en contra de él. Un ejercicio frío de realpolitik. Yo sitúo esta operación en la tradición palmerstoniana (en referencia a Lord Palmerston, ministro de Exteriores de Reino Unido en varios periodos entre 1830 y 1851) de la política británica del siglo XIX: 'Inglaterra no tiene amigos permanentes ni enemigos permanentes, tiene intereses permanentes'", sugiere Viñas. O, como reza el dicho inglés, "no pongas todos tus huevos en una sola cesta".



Libro Olaso     Julieta Olaso


Por Sebastián Olaso, corrector de La represión y las luchas por la memoria en Argentina y España.

Se acaba de editar un libro clave para todos los lectores interesados en comprender el pasado y el presente de la sociedad. Se trata de La represión y las luchas por la memoria en Argentina y España (Libros de la Catarata, Madrid, 2016). Su autora, la doctora en Antropología Julieta Olaso, ha desplegado en estas páginas un análisis comparativo profundo entre las realidades políticas y sociales de Argentina y España antes, durante y después de sus últimas dictaduras.

En Argentina, la brutal dictadura que se extendió entre los años 1976 y 1983 ha dejado un saldo de miles de desaparecidos, una sociedad devastada humana, política, económica y jurídicamente. En España, los casi cuarenta años de franquismo no han sido menos desgraciados. Sin embargo, los caminos que recorrieron los dos países durante estas dictaduras, sus transiciones y a partir del regreso de sus democracias han sido muy diferentes.

En Argentina se dieron pasos sin precedentes en el mundo para buscar la verdad, defender la memoria y conseguir justicia. Se crearon diferentes organismos de lucha por los Derechos Humanos (Madres de Plaza de Mayo, Abuelas de Plaza de Mayo, H.I.J.O.S., C.E.L.S.), se realizó el informe Nunca Más con testimonios de las víctimas y se enjuició a los genocidas. Con sus aciertos y sus errores, con sus avances y retrocesos, varios de los gobiernos democráticos posteriores a la dictadura tomaron medidas y dictaron leyes tendientes a conocer el doloroso legado de la represión, enjuiciar a sus responsables militares y civiles, acompañar y resarcir en lo posible a las víctimas y sus familiares, y crear una verdadera conciencia en la sociedad de la importancia de repudiar la violencia y fortalecer la democracia.

En España, en cambio, el camino ha sido diferente. Ni las víctimas, ni los sobrevivientes y sus familiares han recibido el apoyo de las autoridades ni de la sociedad. Al contrario, se les culpabilizó de todo lo ocurrido. Los pactos políticos avalaron una versión falsificada de los hechos que tras un manto de silenciamiento, ocultamiento, miedo y olvido inmovilizó a varias generaciones de españoles. A la sociedad se le inculcó el desinterés, había sido educada para no “remover ese pasado”. Recién en las últimas décadas, los nietos de los represaliados del franquismo han podido comenzar a desprenderse de ese mandato, buscar a sus familiares, recuperar la memoria y reclamar verdad y justicia.

Julieta Olaso ha dedicado años a la realización de este trabajo extraordinario. En este libro se pueden palpar su firme compromiso con los Derechos Humanos, su amor por los dos países, su dolor por las atrocidades que soportaron, su capacidad analítica, su formación académica, su necesidad de colaborar para que se haga justicia. También se puede observar su destreza para dirigirse a sus lectores con rigurosidad, con humanidad y sin concesiones.

El estilo de Julieta Olaso es cálido, ágil y claro. Sus argumentaciones tienen sustento histórico, documental y humanístico. Este libro no busca ni un lector académico ni un lector casual: Este libro tiene el gran acierto de haber sido escrito para todos los lectores que estén interesados en conocer la verdad desde una voz honesta, inteligente y reveladora.

A partir de las experiencias de dos países, La represión y las luchas por la memoria en Argentina y España es una investigación, un documento, un resguardo de la memoria y una invitación a seguir luchando por los Derechos Humanos en todo momento y en todo lugar.

 


Libro la Guerra civil


Autor
: Ricard Torres y Juan Carlos Colomer
Título: La Guerra de 1936-1939, una síntesis histórica a 80 años de su comienzo.
Editorial: La Xara
Año de publicación: 2016
Ciudad: Valencia



Enric Llopis/ Rebelión
En 1986 la editorial Crítica publicó la primera edición de un clásico, La Guerra Civil Española, del hispanista Pierre Vilar. La bibliografía ya era entonces vastísima, pero el historiador resumió lo esencial del conflicto en 184 páginas. Se atrevió con una síntesis. Para la generación a la que Vilar pertenecía, en torno a los 30 años en 1936, la guerra de España significó “amenaza hitleriana, fanfarronadas mussolinianas, ceguera de las democracias parlamentarias y enigma soviético”. Al historiador marxista no le interesaba tanto dar a conocer los hechos, como explicar los mecanismos. En las reflexiones finales del libro, afirmó que si bien la guerra civil se empapaba de las contradicciones de los años 30, el “choque” evoca también el pasado decimonónico: “Propietarios, militares y sacerdotes –seguidos, en algunas regiones, por masas habituadas a obedecerles-, contra burgueses medios seducidos por los principios de la Revolución Francesa y contra un pueblo muy pobre inclinado a soñar con la Revolución (a secas), según modelos heredados de los socialistas utópicos”.
Ante la proliferación de monografías especializadas, plagadas de notas al pie y estudios de detalle, los historiadores Ricard Camil Torres y Juan Carlos Colomer siguen el espíritu de Pierre Vilar y, con ánimo divulgativo, han publicado en 2016 el libro de 146 páginas La Guerra Civil (1936-1939). Una síntesis a ocho décadas de su comienzo, editado por La Xara. El lector que pretenda ahondar tiene a su disposición ocho páginas de bibliografía con 110 títulos, entre los que se citan, además del clásico de Pierre Vilar: El laberinto español (Ruedo Ibérico, 1962), de Gerald Brenan; Recuérdalo tú y recuérdalo a otros. Historia oral de la guerra civil española (Crítica, 2007), de Ronald Fraser o Revolución y guerra en España, 1931-1939 (Alianza, 1986), de Paul Preston; pero también trabajos mucho más recientes, como El gran golpe. El ‘caso Hedilla’ o como Franco se quedó con Falange (Debate, 2014), de Joan Maria Thomas; y La legitimación política del franquismo (CSED, 2014), de Álvaro Rodríguez.
El golpe de estado de 1936 quiso salvar aquel viejo orden de la Restauración, que a pesar de sus crisis –en 1898, 1917, 1923 y 1930-, no había afrontado cambios estructurales. La monarquía borbónica hizo uso de la represión como única respuesta a los nuevos cuestionamientos (obreristas, populares, republicanos). De modo que en la coyuntura crítica de 1936, los sectores privilegiados se valieron nuevamente de los avezados militares, que en 122 años habían perpetrado 52 intentonas golpistas; además, “la monarquía había dejado de ser un ente factible”, señalan Ricard Camil Torres y Joan Carles Colomer, por lo que se recurrió al fascismo. Con todo, las concreciones no iban mucho más allá de exterminar al Frente Popular e imponer un sistema –granítico- controlado por el ejército. “Los golpistas no tenían nada claro lo que querían, pero sabían muy bien lo que no querían”.
Las consecuencias de todo ello se detallan en el texto. La represión de los golpistas durante la guerra se saldó con una cifra de muertos que oscila entre 100.000 y 200.000; a ello se agregan un mínimo de 10.000 víctimas civiles por los bombardeos aéreos y de artillería (si se considera la represión en sentido extenso). El periodo más duro –“exterminador”, califican los autores- se concentró entre 1939 y 1945. Si se atiende al medio millón de exiliados, 350.000 nunca retornaron a España; 260.000 prisioneros durante la contienda (civiles y militares), robo de niños en las cárceles, represión laboral, 200.000 funcionarios depurados (25% de expulsiones definitivas en el cuerpo de maestros)…
Los historiadores utilizan un tono directo y cercano, alejado de la erudición académica. Tildan de “chapuza” la asonada del 18 de julio de 1936; por ejemplo, “en Madrid la descoordinación de los traidores resultó patética”. También se muestran muy críticos con la operativa del Comité Internacional de No Intervención, que benefició palmariamente a los golpistas: durante los cuatro meses en los que se prolongó la Batalla del Ebro, no entró siquiera un rifle por la frontera francesa, al hallarse cerrada. Mientras, los sublevados contaron con la ayuda inmediata de Hitler y Mussolini. En ese contexto, la posición británica se hace especialmente visible, ya que mientras se clausuraba Gibraltar al repostaje de los barcos de la República, se permitía que la Texas Oil Company proporcionara combustible a los insurgentes. Pero el libro también intenta rebatir mitos. Los autores niegan que la cuestión religiosa tuviera peso en la “confección” del golpe de 1936: “En ninguna proclama aparece mención alguna al hecho religioso”. Fueron las informaciones de la represión contra miembros del clero en la zona republicana, las que comenzaron a forjar la idea de “cruzada”. Además, apuntan Torres y Colomer, hasta el 14 de septiembre de 1936 Pío XI no se “mojó” públicamente, al mostrar su simpatía con los sublevados (lo que hizo compatible con el amor a los enemigos).
El libro no omite la represión en el territorio republicano, “muy local” y en los comienzos “muy selectiva” (la violencia política terminó con la vida de 50.000-60.000 personas). El objetivo, afirman los autores de La Guerra Civil (1936-1939), era la eliminación del enemigo de clase. Una de las características de la política en la retaguardia republicana fue la dispersión del poder. Cuando Largo Caballero sustituyó en septiembre de 1936 a Giral en la presidencia del Gobierno, coexistían el Consejo de Aragón (anarcosindicalista), la Generalitat de Cataluña, el Gobierno vasco, la Junta de Madrid y la pluralidad de comités dispersos en el territorio. Los sucesos de la Telefónica barcelonesa (mayo de 1937) dieron lugar a “una nueva guerra civil dentro de la guerra civil”. Se ponían así los límites a la acción revolucionaria. Mientras, Franco se alzaba con la jefatura del partido único, en realidad “una amalgama de intereses en la que Serrano Suñer maniobraba a sus anchas”. Las 184 páginas ofrecen espacio suficiente para que los historiadores entren en pormenores, sobre las colectivizaciones (con sus dificultades, contradicciones y pérdida progresiva de autonomía), las diferencias entre Azaña y Negrín (poner fin al conflicto/resistencia), la victoria de los sublevados en la batalla de Teruel (40.000 bajas franquistas y 60.000 republicanas), los bombardeos del bando fascista contra la población civil, que por ejemplo en el Mercado Central de Alicante masacraron a 300 personas, las bombas de 500 kilogramos de la Legión Cóndor en la provincia de Castellón, la Batalla del Ebro o la toma de Cataluña.
Queda también espacio para la prensa. La mayoría de los medios derechistas fueron requisados y convertidos en cabeceras nuevas, como Fragua Social, Adelante, Frente Rojo, Verdad, Republicano o Nosotros. Se dedica asimismo un apartado a las mujeres, en el que contrastan las organizaciones –feministas y feministas- que batallaban por sus derechos, como la Unión de Mujeres Antifascistas, con personajes de relieve como Encarnación Fuyola; y Mujeres Libres, de cariz anarquista, que llegó a contar con más de 20.000 militantes; En el bando opuesto, la Sección Femenina de la Falange postergaba a las mujeres a la casa y la maternidad.
Por la agilidad en la redacción y su vocación de síntesis, tal vez el libro mantenga puntos de conexión con las crónicas periodísticas sobre la guerra. “En todas las ciudades se formaron espontáneamente las milicias: el reparto de armas al pueblo; donde triunfó la rebelión, su final fue funesto: los que no murieron en combate o pudieron huir, fueron fusilados”, escribía el periodista y escritor Eduardo Haro Tecglen en “Arde Madrid” (Temas de Hoy, 2000). La descripción de los hechos se complementa con una despiadada advertencia de Queipo de Llano: “Vivirán poco”. Otro periodista, Eduardo de Guzmán, escribe en “Madrid Rojo y Negro” (Oberon, 2004): “Franco está en Canarias. Desde allí hace frecuentes viajes en avión. Visita Tetuán y Sevilla. Los oficiales monárquicos le aclaman. Los señoritos le rodean y le miman. Al salir, extiende el brazo a la romana”.


los desaparecidos de franco francisco moreno gomez Francisco Moreno
Autor
: Francisco Moreno
Título: Los desaparecidos de Franco. 
            Un estudio factual y teórico en el contexto de los crímenes internacionales y las comisiones de la verdad.
Editorial: Editorial Alpuerto
Año de publicación: 2016
Ciudad: Madrid

Comentario:
Francisco Moreno Gómez es doctor en Filosofía y Letras (Literatura Hispánica) por la Universidad Complutense de Madrid. Realizó 

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también estudios de Filología Clásica y de Filosofía Pura. Desde 1978 convirtió el tema de la guerra civil en el centro de su actividad intelectual. Con este libro, Los desaparecidos de Franco, completa una tetralogía compuesta también por 1936. El genocidio franquista en Córdoba (2008), Trincheras de la República, 1937-1939 (2013) y La victoria sangrienta, 1939.

Este nuevo libro viene a ser un ensayo de Comisión de la Verdad en toda España, una conjunción de hechos recuperados y el necesario estudio teórico: por un lado, una nueva radiografía testimonial de los desaparecidos de Franco, y por otro, el estudio de los crímenes de carácter internacional del franquismo, más la necesaria reflexión sobre memoria, el plan de exterminio, la aparición de las fosas, las comisiones de la verdad y otras cuestiones. Francisco Moreno deja que las víctimas hablen a las puertas de la historia, como en este caso sucedido en San Sebastián de los Ballesteros (Córdoba), donde se aprecia la magnitud de la desgracia de los familiares de los desaparecidos:
“… A mi padre lo mataron el 22 de septiembre de 1936. Era concejal. El 19 de julio lo encarcelaron, junto con el alcalde, el secretario y algunos más. Le pegaron mucho. Se lo llevaron al pueblo cercano de La Rambla, lo pusieron contra un eucalipto, le pegaron dos tiros y lo enterraron cerca de allí. Mi madre le llevaba cada día la comida a la cárcel, y ese día no lo encontró… (La cuestión) no es cómo vivimos esa muerte entonces. Es cómo hemos vivido toda la vida por culpa de eso. Nunca hemos tenido derecho a nada. Quisieron quitarnos hasta nuestra casa, como hicieron con mi tío. Suerte que la cambiamos de nombre… Veinticinco años después, y aún nadie quería darnos trabajo. Por eso vinimos todos quedó viuda y con cuatro hijos, yo de meses, y se fue a vivir con mi abuelo, que apenas pudo ayudarle, porque los franquistas le arrebataron todo… Si quiero recuperar los restos de mi padre, después de 70 años, no es por revanchismo de mi padre… Somos la anti-patria, y nos lo han hecho sufrir toda la vida… Si te veían por la calle llorando la muerte de tu padre, te pegaban por antipatriota. No nos dejaban ni llorar. Nadie puede imaginarse lo brutal que fue aquella represión. Por ese miedo, ni mi familia ni yo fuimos jamás al cementerio de La Rambla a llorar a nuestro padre… Ni mi madre ni mis tíos hablan nunca de estas cosas. Por eso hoy, arrancada la máscara de la vergüenza, desean llorar a su padre sin culpa” (José Saz Ortega, a través de su hijo José Saz Ortiz, email de 18-9-2008)
El historiador sostiene quer sólo partiendo del relato de las víctimas se puede llegar a la raíz de la catástrofe humanitaria causada por el franquismo, el cual no se puede estudiar ya sin el contexto de los crímenes de carácter universal.
«El crimen de las desapariciones forzadas, en cuanto crimen de lesa humanidad, España (ni fuera de ella) en la historia del franquismo. permite. Incluso aparecen sesudos polígrafos (y políticos de rancia estirpe) que niegan la «desaparecidos», y el término mismo. Pero, desgraciadamente, no sólo unos millares: más de cien mil (cifra científica, de historiadores y juristas). Fueron víctimas de detención ilegal, encarcelamiento oculto, con falta de información a los familiares, mediante anónima, con participación de agentes del Estado, investigado mínimamente este tema a nivel general o local corroborarán que estas violaciones humanos elementales se perpetraron a mansalva bajo el franquismo. Al mismo tiempo conviene anticipar ya, sin circunloquios, que el franquismo se erigió sobre una matanza fundacional y que perpetró los tres grandes crímenes de carácter internacional: crímenes de lesa humanidad, genocidio y crímenes de guerra. La intervención reciente de organismos de la ONU en España está alumbrando en esta dirección sobre la realidad de los hechos”. [De los Prolegómenos].
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Enric Llopis/ Rebelión
En 1986 la editorial Crítica publicó la primera edición de un “clásico”, “La Guerra Civil Española”, del hispanista Pierre Vilar. La bibliografía ya era entonces vastísima, pero el historiador resumió lo esencial del conflicto en 184 páginas. Se atrevió con una síntesis. Para la generación a la que Vilar pertenecía, en torno a los 30 años en 1936, la guerra de España significó “amenaza hitleriana, fanfarronadas mussolinianas, ceguera de las democracias parlamentarias y enigma soviético”. Al historiador marxista no le interesaba tanto dar a conocer los hechos, como explicar los mecanismos. En las reflexiones finales del libro, afirmó que si bien la guerra civil se empapaba de las contradicciones de los años 30, el “choque” evoca también el pasado decimonónico: “Propietarios, militares y sacerdotes –seguidos, en algunas regiones, por masas habituadas a obedecerles-, contra burgueses medios seducidos por los principios de la Revolución Francesa y contra un pueblo muy pobre inclinado a soñar con la Revolución (a secas), según modelos heredados de los socialistas utópicos”.
Ante la proliferación de monografías especializadas, plagadas de notas al pie y estudios de detalle, los historiadores Ricard Camil Torres y Juan Carlos Colomer siguen el espíritu de Pierre Vilar y, con ánimo divulgativo, han publicado en 2016 el libro de 146 páginas “La Guerra Civil (1936-1939). Una síntesis a ocho décadas de su comienzo”, editado por La Xara. El lector que pretenda ahondar tiene a su disposición ocho páginas de bibliografía con 110 títulos, entre los que se citan, además del “clásico” de Pierre Vilar: “El laberinto español” (Ruedo Ibérico, 1962), de Gerald Brenan; “Recuérdalo tú y recuérdalo a otros. Historia oral de la guerra civil española” (Crítica, 2007), de Ronald Fraser o “Revolución y guerra en España, 1931-1939” (Alianza, 1986), de Paul Preston; pero también trabajos mucho más recientes, como “El gran golpe. El ‘caso Hedilla’ o como Franco se quedó con Falange” (Debate, 2014), de Joan Maria Thomas; y “La legitimación política del franquismo” (CSED, 2014), de Álvaro Rodríguez.
El golpe de estado de 1936 quiso salvar aquel viejo orden de la Restauración, que a pesar de sus crisis –en 1898, 1917, 1923 y 1930-, no había afrontado cambios estructurales. La monarquía borbónica hizo uso de la represión como única respuesta a los nuevos cuestionamientos (obreristas, populares, republicanos). De modo que en la coyuntura crítica de 1936, los sectores privilegiados se valieron nuevamente de los avezados militares, que en 122 años habían perpetrado 52 intentonas golpistas; además, “la monarquía había dejado de ser un ente factible”, señalan Ricard Camil Torres y Joan Carles Colomer, por lo que se recurrió al fascismo. Con todo, las concreciones no iban mucho más allá de exterminar al Frente Popular e imponer un sistema –granítico- controlado por el ejército. “Los golpistas no tenían nada claro lo que querían, pero sabían muy bien lo que no querían”.
Las consecuencias de todo ello se detallan en el texto. La represión de los golpistas durante la guerra se saldó con una cifra de muertos que oscila entre 100.000 y 200.000; a ello se agregan un mínimo de 10.000 víctimas civiles por los bombardeos aéreos y de artillería (si se considera la represión en sentido extenso). El periodo más duro –“exterminador”, califican los autores- se concentró entre 1939 y 1945. Si se atiende al medio millón de exiliados, 350.000 nunca retornaron a España; 260.000 prisioneros durante la contienda (civiles y militares), robo de niños en las cárceles, represión laboral, 200.000 funcionarios depurados (25% de expulsiones definitivas en el cuerpo de maestros)…
Los historiadores utilizan un tono directo y cercano, alejado de la erudición académica. Tildan de “chapuza” la asonada del 18 de julio de 1936; por ejemplo, “en Madrid la descoordinación de los traidores resultó patética”. También se muestran muy críticos con la operativa del Comité Internacional de No Intervención, que benefició palmariamente a los golpistas: durante los cuatro meses en los que se prolongó la Batalla del Ebro, no entró siquiera un rifle por la frontera francesa, al hallarse cerrada. Mientras, los sublevados contaron con la ayuda inmediata de Hitler y Mussolini. En ese contexto, la posición británica se hace especialmente visible, ya que mientras se clausuraba Gibraltar al repostaje de los barcos de la República, se permitía que la Texas Oil Company proporcionara combustible a los insurgentes. Pero el libro también intenta rebatir mitos. Los autores niegan que la cuestión religiosa tuviera peso en la “confección” del golpe de 1936: “En ninguna proclama aparece mención alguna al hecho religioso”. Fueron las informaciones de la represión contra miembros del clero en la zona republicana, las que comenzaron a forjar la idea de “cruzada”. Además, apuntan Torres y Colomer, hasta el 14 de septiembre de 1936 Pío XI no se “mojó” públicamente, al mostrar su simpatía con los sublevados (lo que hizo compatible con el amor a los enemigos).
El libro no omite la represión en el territorio republicano, “muy local” y en los comienzos “muy selectiva” (la violencia política terminó con la vida de 50.000-60.000 personas). El objetivo, afirman los autores de “La Guerra Civil (1936-1939)”, era la eliminación del enemigo de clase. Una de las características de la política en la retaguardia republicana fue la dispersión del poder. Cuando Largo Caballero sustituyó en septiembre de 1936 a Giral en la presidencia del Gobierno, coexistían el Consejo de Aragón (anarcosindicalista), la Generalitat de Cataluña, el Gobierno vasco, la Junta de Madrid y la pluralidad de comités dispersos en el territorio. Los sucesos de la Telefónica barcelonesa (mayo de 1937) dieron lugar a “una nueva guerra civil dentro de la guerra civil”. Se ponían así los límites a la acción revolucionaria. Mientras, Franco se alzaba con la jefatura del partido único, en realidad “una amalgama de intereses en la que Serrano Suñer maniobraba a sus anchas”. Las 184 páginas ofrecen espacio suficiente para que los historiadores entren en pormenores, sobre las colectivizaciones (con sus dificultades, contradicciones y pérdida progresiva de autonomía), las diferencias entre Azaña y Negrín (poner fin al conflicto/resistencia), la victoria de los sublevados en la batalla de Teruel (40.000 bajas franquistas y 60.000 republicanas), los bombardeos del bando fascista contra la población civil, que por ejemplo en el Mercado Central de Alicante masacraron a 300 personas, las bombas de 500 kilogramos de la Legión Cóndor en la provincia de Castellón, la Batalla del Ebro o la toma de Cataluña.
Queda también espacio para la prensa. La mayoría de los medios derechistas fueron requisados y convertidos en cabeceras nuevas, como “Fragua Social”, “Adelante”, “Frente Rojo”, “Verdad”, “Republicano” o “Nosotros”. Se dedica asimismo un apartado a las mujeres, en el que contrastan las organizaciones –feministas y feministas- que batallaban por sus derechos, como la Unión de Mujeres Antifascistas, con personajes de relieve como Encarnación Fuyola; y Mujeres Libres, de cariz anarquista, que llegó a contar con más de 20.000 militantes; En el bando opuesto, la Sección Femenina de la Falange postergaba a las mujeres a la casa y la maternidad.
Por la agilidad en la redacción y su vocación de síntesis, tal vez el libro mantenga puntos de conexión con las crónicas periodísticas sobre la guerra. “En todas las ciudades se formaron espontáneamente las milicias: el reparto de armas al pueblo; donde triunfó la rebelión, su final fue funesto: los que no murieron en combate o pudieron huir, fueron fusilados”, escribía el periodista y escritor Eduardo Haro Tecglen en “Arde Madrid” (Temas de Hoy, 2000). La descripción de los hechos se complementa con una despiadada advertencia de Queipo de Llano: “Vivirán poco”. Otro periodista, Eduardo de Guzmán, escribe en “Madrid Rojo y Negro” (Oberon, 2004): “Franco está en Canarias. Desde allí hace frecuentes viajes en avión. Visita Tetuán y Sevilla. Los oficiales monárquicos le aclaman. Los señoritos le rodean y le miman. Al salir, extiende el brazo a la romana”.