Alfonso Domingo estrena su documental sobre Melchor Rodríguez

A Melchor Rodríguez alguien lo ha llamado el Schilnder de Triana: salvó alrededor de doce mil vidas, de uno y otro bando, durante la guerra que asoló España hace ahora ochenta años. El periodista y escritor Alfonso Domingo desentraña su biografía, prácticamente desconocida hasta ahora, a través de un documental que se estrenó en Madrid en mayo y en octubre en Sevilla.

 

J.J. Téllez.
Tras su estreno en El Matadero, de Madrid, el documental pudo verse por primera vez en la patria chica de Melchor Rodríguez, en Sevilla, en los cines Nervión, el pasado 20 de octubre, bajo la batuta compartida de Argonauta Producciones y de la RTVA, bajo la fórmula de Screenly, que permite la organización de proyecciones bajo demanda en salas a través de un particular sistema de reserva colectiva de entradas que determina si se realiza o no el visionado. 

Tras la proyección, interveninieron el historiador José Luis Gutiérrez; el periodista y director del programa “La memoria” de Canal Sur Radio, Rafael Guerrero; y el director del documental, Alfonso Domingo, moderados por la directora del Centro de Estudios Andaluces, Mercedes de Pablos.
el angel rojo

Una larga investigación

La cinta cuenta con la locución del actor Javier Gutiérrez y la colaboración de Eusebio Lázaro. Rodada en su mayor parte en Andalucía, la historia aflora tras una largo proceso de investigación, con aportación de documentación inédita y los testimonios de personas que le conocieron y vivieron con él. Alfonso Domingo, un escritor galardonado con el premio Ateneo de novela, que lo mismo le ha seguido la pista literaria a Billy El Niño o a Luis Gálvez, el emperador del Amazonas, lleva largo tiempo dedicado al documentalismo. A su interés, debemos algunas de las mejores investigaciones multimedia sobre la guerrilla anti-franquista. O sobre los “Héroes invisibles”, los afroamericanos que combatieron en las brigadas internacionales.

Fue el legendario periodista Eduardo Pons Prades quien le puso sobre la pista de Melchor, un personaje que también le mencionó Cecilio Grodillo, “una de las personas que más han hecho por la memoria histórica en este país”. “Melchor era un héroe de los míos. Perdedor, con ideales y dignidad. Un ser humano que creía en la justicia”.

Junto con el documental, Alfonso Domingo ha ultimado un libro sobre este héroe desconocido, cuyas huellas ha rastreado con una docena de archivos, entre ellos el histórico nacional, el AGA, el centro de Salamanca, archivos municipales, el de Historia social de Amsterdam, el de la CNT y CGT. Pero la carga de la prueba la mantienen quienes conocieron a Melchor, desde su hija Amapola, hasta su biznieto, o muchas personas a las que había salvado del infierno: “Me costó seis meses que Amapola hablara, iba a verla casi todas las semanas. Nos hicimos muy amigos y me contó cosas que jamás relataré, cosas íntimas. Sentí mucho su muerte, era ya como mi abuela, como mi madre. Cuando pasado ese tiempo comenzó a hablar, fueron encajando las piezas del rompecabezas. Amapola estuvo acompañando mucho a su padre antes de la guerra y durante la guerra, fue una visión la suya que jamás olvidaré. La visión de una adolescente que se hace mayor y a la que la guerra trunca su posible carrera de bailarina. Una guerra en la que su padre ha jugado en Madrid un papel muy importante, un padre al que idolatra pero del que se empieza a separar. Esa es la historia de Amapola que enriqueció la de Melchor y que es parte fundamental en el documental”, afirma Domingo.

No era un superhombre, pero era un Quijote. Entre ambas fronteras, sitúa Alfonso Domínguez a Melchor Ramírez: “Luego tenía el genio vivo, sus cabreos podían ser sonados. Pero esos defectos le humanizan mucho más. Y una cosa para mi le encumbra definitivamente, y es que se jugó muchas veces la vida en la guerra. Y se la jugó por salvar a sus enemigos de la eliminación física, por aplicar la legalidad republicana”.

El mote de El ángel rojo se lo puso Alberto Martín Artajo, un militante de la CEDA al que él salvó de una saca y que llegó a ser director del “Ya”. A él, en realidad, nunca le gustó que le llamaran así.

La dignidad de una causa

“En general, la figura de Melchor, a 80 años vista, solo puede ser digna de admiración. Que tuviera cierta candidez como dicen algunos, era muy propio de una determinada época y una determinada forma de ser de las personas. Pero salvó vidas, que eso es lo importante, y mantuvo la dignidad de la causa republicana, la de que la república no podía ser tan asesina como la parte que se había levantado”.

Ahora, tiene una calle en Madrid, a instancias de Ciudadanos, aunque la CGT llevaba años reclamando su reconocimiento oficial: “Creo que deberíamos más en fijarnos en figuras como las del Melchor (y la de muchos hombres buenos que salvaron, no hay que olvidar que Melchor tuvo mucha ayuda de sus afines de la FAI y la CNT, además de republicanos, socialistas, etc), porque esas figuras nos dignifican a todos. Por eso me gusta haber rescatado la figura de un hombre que salvó, y salvó a sus enemigos”.

“La verdadera revolución no es matar a hombres indefensos”, sentenciabaEntre estos últimos, los Luca de Tena, Serrano Suñer y Muñoz Grandes, el general Carrasco Verde, o Raimundo Fernández Cuesta. No le sirvió de mucho porque la dictadura le hizo purgar sus ideales, y ni Fernández Cuesta ni Serrano Suñer movieron un dedo a su favor, aunque Muñoz Grandes intercedió para que le rebajasen su condena. Alfonso Domingo ha realizado una estimación aproximada de las personas a las que pudo salvar: “Si nos atenemos a los presos que había en zona republicana, eran 11.200. Él tuvo dos fases, una como Delegado especial de prisiones, y otra como inspector especial de prisiones (entre las dos hubo una dimisión y una petición de que volviera) en el ministerio de García Oliver, con mandato en las prisiones del centro. Para que pueda hacerse una idea, cuando Melchor salva a los presos de Alcalá el 8 de diciembre, en esa cárcel hay 1.532 reclusos, más otros casi 1500 de las detenciones en los pisos de la llamada delegación de Finlandia. Más los que había en Ventas, San Antón, la Modelo. No solo para las sacas de presos de las cárceles, como antes había evitado muchas muertes en las prisiones de partido, sino que realiza traslados supervisados por él a las prisiones de Levante. En fin, alimenta a los presos, adecenta los edificios, permite las visitas y a la Cruz Roja, lleva un registro de detenidos donde todos pueden preguntar dónde se encuentra. Un portento de decisión, energía, firmeza y redaños”.

Novillero, chapista, poeta...

Llegó a salvarse milagrosamente de una emboscada en la que el coche en que viajaba recibió más de cuarenta impactos de bala. Su personalidad era heterodoxa, contradictoria, seductora. Pareciera que su vida fuera de ficción, afirma Alfonso Domingo. Casi inverosímil: “Que fuera novillero. Huérfano. Oficial Chapista, sindicalista, anarquista, que hiciera versos y coplas en la posguerra, algunas con afamados maestros, que salvara a los Álvarez Quintero, él mismo un personaje, el anarquista ingenuo de una de sus comedias. Que le diera Boby Deglané una medalla de oro y un homenaje en 1964, en pleno franquismo, en el que en el discurso de agradecimiento, Melchor habla de lo que hizo en la guerra y de su ideología libertaria. Su entierro, que congrega a gentes de bien de los dos bandos, gentes que admiraban a Melchor y que le cantan A las barricadas y rezan un padrenuestro. Si no existiera, habría que inventárselo, un español universal. Por eso quiero que el final del proceso sea una película con actores. Javier Gutiérrez, vecino y amigo, quien ha puesto la voz al documental, le encantaría hacer ese papel, que además le va mucho. Estamos terminando el guión Twiggy Hirota y yo y será mi próxima aventura”.

En la calle San Jorge, de Triana, donde naciera, hay una placa que le recuerda: Alfonso Domingo ya contó su vida en el libro El ángel rojo. La historia de Melchor Rodríguez, el anarquista que detuvo la represión en el Madrid republicano, publicado por Almuzara Ed. en 2009. Y es que “por las ideas se puede morir, pero no matar”, según decía el propio Melchor Rodríguez (Sevilla, 1893-Madrid, 1972). “La verdadera revolución no es matar a hombres indefensos”, sentenciaba.


Fuente: El Plural